A veces encontrás al Minotauro,
-el devorador de jóvenes-,
y te das cuenta que llegaste al centro mismo del Laberinto.
Estuvo Dédalo encargado a construirlo tan enorme…
Repleto de infinitos pasillos sin salida.
Rocosos… Húmedos…
Y Ariadna no te dio su ovillo de hilo sedoso
para desandar caminos,
ni la espada para embestir a la bestia
y ganarle años de excluido…
Ya sé, no sos Teseo,
ni existen los oráculos de Delfos con respuestas enigmáticas.
Para el caso, lo mejor será buscar la adarga,
juntarnos todos en la esquina imaginada,
y atacarlo a cañonazos hechizados,
insurgentes,
cuando él avanza.
No obstante, laveron tiene una intrigante versión de los hechos
si hasta parece una cuestión de fé…
¡Olvídense del prurito y la diplomacia!
¡De las susceptibilidades cínicas
y establecidas!
¡Hagamos a un lado las disculpas!
¡No más agachadas de cabeza!
¡No más cachondeos interesados
ni guiñitos de ojos!
¡Que las relaciones humanas no terminen siendo
relaciones mercantiles o burocráticas
y la necesidad de ternura
o sano reconocimiento
no pase a ser un trámite a cumplir
o un derecho por ganar eternamente!
¡Permitámonos el gusto
y el disgusto manifiesto
asertívamente
y que no acaben bastardeados
los sentimientos
influenciados por los aires de esta época exitista!
¡No pidamos más permiso
ni bajemos la mirada,
el tono,
ni los brazos!
¡Saludémonos con la política
propia de la vida,
no la de los Estados…!
¡Y refundemos un abrazo universal
con la pasión lejana
-aún cercana-
de saber al resto es distinto
pero nunca esclavo.
Abundan las pobrezas estructurales
-de las que ya nadie habla-
e intelectuales
-de las que todos callan-
Florecen las tragedias naturales,
los transgénicos,
los celulares…
Desbordan las injusticias mundiales,
los muertos sin velorio
ni recuerdo,
las mujeres golpeadas,
los excesos, los consumos,
la promiscuidad, el hambre…
Sobran grandes cantidades
de carroña idolatrada
por los pobres de utopías,
los vendidos a un sueño enano,
los que adoran sus ojos vendados…
Y entre multinacionales,
megaestafas,
macromafias,
multimedios,
viejos adalides revolucionarios
se fragmentan,
se camuflan con la mierda,
se pinchan, se desdicen,
se perfuman el ombligo,
y se espantan las miserias,
anunciando ese olor nauseabundo
a fascismo posmoderno
y parálisis de miedo
de los pueblos…
Me pregunto
si alguien quisiera
desterrar el mutismo reaccionario,
este aire de derrota y de condena,
que sospecho que los odios que nos llegan
pronto serán esa bala,
que perfore tolerancias,
y no habrá flores ni penas…
Un pulgar hacia abajo
les dio la bienvenida al mundo…
Nacieron con un tomate en la frente,
con un helado de limón
clavado entre ceja y ceja.
Con los ojos vendados,
y la vida vendida.
Con un granito en el culo.
Con aliento a ajo
nato.
Con cierta dureza intestinal
que da calambre.
Y allí andan…
Molestando…
Como caquita de paloma en el suéter.
Como orzuelo al que hay que tener paciencia…
Insoportables hombrecitos
conscientes del descalabro,
decidores de la nada,
que no llegarán jamás
ni a chicha ni a limonada.
No está mal
amasar la palabra.
Acercarse suavemente
a ese nudo que duele en lo profundo,
frotando cada signo,
ubicado entre castigos incorporados
con el paso del tiempo…
Y darle fuerte
a los puntos mudos.
A las frases reprimidas.
A la muerte que se instala en el silencio,
que antes fue inocente niño
sonrisa ingenua,
jerga pura y desarmada
verdad no siempre dicha,
despalabras…
Como queriendo dar inicio
a un nuevo matriarcado…
Podría decirse que asisto
a una avanzada feminista
dentro del útero.
Cántaros de glóbulos rojos y blancos
se unen buscando la desembocadura final,
la salida colectiva…
¡Mis glóbulos unidos
-parece-
jamás serán vencidos!
Me diluvian
ríos desbocados,
venas cavas,
tsunamis
gelatinosos y rojos
volcánicos
dando cuenta de esta mujer
y estos ovarios,
que se aguantan la “puteada emergente”
por cierta insistencia de la naturaleza
de no agraciar al varón
con esta imposición de…
¡Puta madre!…
Me llueve.
No me llovizna.
Inefable
en tu fantasía yoica.
Encerrado
en tu guetto intelectual
y
en serio
dialéctico
declive,
perdés el tiempo
en floridas,
ordinarias
y poco novedosas
historias,
o simples apreciaciones.
Desgarrándote los sentidos.
Tomándotelo en serio.
Porque es tarea de hombre culto
dejar huella.
Marcar la diferencia.
Recurriendo incluso
al intimismo vano
desde una sonrisa falsa.
Porque nada te conforma.
Enmascarando el ruego de ser aceptado.
Suplicando una caricia a la distancia
o a la fibra óptica.
Pero guiñando el ojo derecho
una y mil veces
a tu orgullo
sectario y estúpido,
que te deja solo,
desesperado
y pobre.
Ingenua…
Perdida entre las piernas
llevás tu vagina.
Oculta
tras el himen cerebral
que nunca desvirgaron.
Cubierta la vulva de vergüenza clerical,
pariste hijos tristes,
especuladores,
necios
y pacatos.
Seguramente,
alguna vez,
pudiste alcanzar algún orgasmo histérico
regulado por las leyes de mercado…
Otras tantas solo fingiste
y de inmediato,
te diste vuelta en la cama
lagrimeando el instinto
sin saber por qué.
Irresponsable…
Jamás pretendiste transitar los gozos
de la libertad.
Sólo te ocupaste de la castidad moral
cotidiana,
haciéndote cargo
de perpetuar la ignorancia
señalando con cruces,
acusando con dedos,
inventando,
discriminando,
avergonzando…
Y ya estás grande para la inocencia…
Mente podrida
e irrecuperable.
Ni siquiera sos culpable…
Sos patética.
Que gris es mi adicción a Buenos Aires
como a sus noches doblegadas
y a sus perros vagabundos,
que de pronto cambié
por moneda corriente
la puteada amable en la esquina y los brindis
por los miedos:
al zoológico y los gatos del Botánico,
al respiro simplemente
y a esas oscuras
y enormes tanquetas
o vacas o ferias
que expone año a año
la Sociedad
Rural
Argentina…
Que decidí recluirme entre papeles
y computadoras
y olvidarme de los amores
(que al fin y al cabo, hace rato,
ya me abandonaron).
Que aún salgo al mundo resistiendo
con mi tango al hombro
y mi silueta
tropezando a diario
con neuróticos hombres
trajeados
y mujeres
con rush hasta los codos
todos -’buenos ciudadanos’-
equipados
con sus pánicos y sus celulares
intentando cumplir
el designio tuerto
de ser
los ‘hacedores de la patria’…
Y me surgen ciertos deseos
de mandar todo a la mierda
pero siento
deliberadas ganas
de puños que no aguanten
el encierro
y broncas afiladas
que prefiero
fumarme un cigarro
y volverme
alardeando en silencio
a esta ciudad
eternamente
sitiada.
¿Te sorprende, a veces,
la mágica nocturnidad,
con su calma vestida de ninfa?
Y el mar azul cielo,
¿susurra desde lejos
melódicas sinfonías,
que embriagan tus sueños,
haciendo estallar la rutina
en mil pedazos?…
Y el hambre cotidiano
de amor y locura,
de pasión y arte
¿surgen como fruta madura de tu ser?…
La abulia:
¿huye por la ventana?…
Y el rústico sentir alienado
que te invade
¿asume la brisa, la fuerza vital,
el motor, la vida
renovándote el andar
adormecido?…
Animación: Papersky
Ver también “Legato”